¿Por qué curan las plantas?

Al igual que todos los seres vivos, las plantas producen en su organismo una gran cantidad de sustancias que forman parte de su metabolismo, entre ellas podemos mencionar los azucares, las proteínas y las grasas, las cuales constituyen la materia prima de la que están formados sus cuerpos; sin embargo además de estas sustancias básicas también se secretan otro grupo de compuestos que les ayudan a realizar funciones específicas del reino vegetal como la producción de aroma para las flores, la producción de pigmentos para las flores y los frutos y la fabricación de sustancias que producen sabores desagradables o tóxicos. A este último grupo de sustancias especiales se les llama científicamente metabolitos secundarios.

Los metabolitos secundarios de las plantas son sustancias químicas que intervienen en la relación de los vegetales con su medio ambiente, pues son responsables de producir colores, aromas, sabores y sustancias tóxicas para algunos insectos y hongos. La producción de aromas y colores atractivos en las flores les sirven a las plantas para llamar la atención de sus polinizadores, es decir, para atraer mariposas, abejas y colibríes que van a transportar el polen de una flor a otra.

Los colores y los sabores agradables de un fruto sirven para que éste sea apetitoso para algunos animales que pueden consumirlo y después dispersar las semillas en sus desechos.

Las sustancias tóxicas cumplen funciones de defensa ya que les ayudan a las plantas a evitar que sean comidas por los herbívoros o atacadas por organismos que causan enfermedades. No obstante, muchas de las funciones de un gran número de metabolitos secundarios aún no son del todo conocidas por la ciencia.

El estudio de los metabolitos secundarios es relativamente reciente pues comenzó hace poco más de cien años, cuando los químicos comenzaron a interesarse en encontrar nuevas sustancias naturales que sirvieran como medicinas, venenos, saborizantes, pegamentos, aceites, ceras, y otros materiales que pudieran ser utilizados en diferentes procesos industriales.

Sin embargo el uso de estas sustancias vegetales por el hombre es tan antiguo como nuestra especie ya que sin saber de qué sustancias se trataba, el hombre comenzó a observar que el consumo de diversas plantas producía diferentes efectos sobre el cuerpo, por ejemplo, algunas plantas producían malestar, otras los hacían sentir muy bien o quitaban algún dolor, mientras que otras hasta los hacían tener visiones o morir. Estos efectos observados hicieron pensar a aquellos hombres que las plantas albergaban espíritus, algunos de ellos buenos y otros malos, de aquí que todavía en algunas culturas, a ciertas preparaciones hechas a base de plantas y alcohol se les llame Espíritus.

Conforme la ciencia ha ido avanzado, los químicos y los médicos fueron descubriendo como es el proceso por medio del cual las sustancias de las plantas actúan en nuestro organismo y para ello contamos con la Farmacología.

La farmacología botánica es la disciplina científica que entre otras cosas nos explica cómo nuestro cuerpo absorbe, asimila y desecha las sustancias químicas que consumimos con las plantas.

El primer paso en este proceso es la absorción, la cual puede realizarse por diversas vías: Oral si es que la ingerimos por la boca, respiratoria si es que aspiramos las sustancias, cutánea, si es que la aplicamos sobre la piel, o muscular si es que nos la inyectan.

Una vez que las sustancias de las plantas entran a nuestro organismo son llevadas hasta la sangre que es la encargada de su distribución por todo el cuerpo hasta llegar a las células “blanco”, es decir, hasta llegar a las células que las reconocen. Por ejemplo, ciertas sustancias contenidas en la planta llamada Hierba del Sapo, se sabe que reconocen a las células del hígado o de los riñones como sus células “blanco” y es allí donde comienzan a tener efecto.

Los efectos de los metabolitos secundarios o de otras sustancias vegetales sobre las células “blanco” se reflejan en alguna alteración del funcionamiento del órgano al que pertenecen esas células y ésta alteración puede ser favorable o desfavorable. En el caso de las plantas medicinales el efecto es en general favorable o inocuo, pero también existen plantas tóxicas que pueden dañar a las células que reciben dichas sustancias.

Finalmente las sustancias químicas consumidas en las plantas medicinales son transformadas y desechadas por el cuerpo ya sea por medio de la orina, los excrementos o la piel y hasta por las glándulas sudoríparas o lagrimales.

Los metabolitos secundarios de las plantas que tienen efectos sobre nuestro cuerpo se clasifican según la farmacología en diversos tipos, por ejemplo hay aceites, alcoholes y ácidos y algunas de ellas se pueden separar de la planta para tomarlas más concentradas.

Un ejemplo de cómo podemos separar algunas de estas sustancias es preparar un té, así tomamos solamente una parte de las sustancias de la planta, desechamos el resto de ella. Esta separación de sustancias es posible porque algunas de ellas son solubles en agua, es decir que al mojar la planta el agua las disuelve.

Otras sustancias que contienen las plantas son solubles en alcohol y otras en aceites, de esta manera también podemos separar sustancias en estos solventes y lo que obtenemos es un extracto.

Existen diferentes tipos de extractos, por ejemplo, los acuosos que consisten en usar el agua para separar las sustancias curativas. Los extractos acuosos se pueden preparar en frío o con calor. Un té es un extracto acuoso con calor.

También se pueden preparar extractos hidro-alcohólicos que consisten en usar agua y alcohol para remojar una planta y de ella extraer sustancias que pueden tener efecto curativo.

De la misma manera se pueden emplear aceites para hacer extractos y éstos se llaman extractos oleosos.

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