Las epidemias que no vemos: I) Racismo y discriminación

 La pandemia de Covid19 nos ha puesto a pensar y a reflexionar, también a muchos de nosotros nos ha hecho cambiar en algo el ritmo de vida que teníamos hasta el 2019.

Como parte de un ejercicio personal de reflexión y de de análisis, desde la perspectiva del trabajo de La Botica del Semidesierto, cuyo objetivo es incidir en la salud desde la práctica de la medicina tradicional mexicana, han surgido tres textos relacionados con las condiciones de salud en México, aunque dos de ellos son en realidad enfermedades sociales, que aunque no lo alcanzamos a ver y medir, tienen una profunda incidencia sobre la salud física de todos nosotros.

Dedicada a todos mis amig@s que han sido discriminad@s y cuyas historias hemos platicado en muchas ocasiones, cuando nos hemos sentido humillad@s, excluid@s o burlad@s porque somos moren@s, pobres o ideológicamente distintos.  


I Racismo y discriminación

Epidemia es una palabra que no usábamos con frecuencia en nuestra vida diaria hasta hace seis meses, era una palabra de libro de texto o de película de ciencia ficción. Sin embargo, sin darnos cuenta y sin querer verlo, hemos vivido rodeados de epidemias, algunas relacionadas con la salud, otras no. Para explicarlo veamos el significado del término según la Real Academia de la Lengua Española: “epidemia proviene del griego y se refiere a una enfermedad que se propaga entre el pueblo o en un país, pero también se trata de un mal o daño que se propaga de forma intensa”. Las enfermedades son males y causan daños, las enfermedades pueden ser físicas, emocionales o sociales. Claramente debemos saber que vivimos inmersos en una epidemia de sobrepeso, obesidad y diabetes (enfermedades físicas); más o menos nos damos cuenta que vivimos rodeados de una epidemia de pobreza (enfermedad social que afecta a millones de personas en todo el mundo), pero tal vez somos ciegos ante otro mal que causa intenso daño emocional y social, que se propaga con intensidad, que es altamente contagioso y que también puede ser mortal, se trata del racismo y la discriminación, que generan exclusión, odio y violencia.

En los últimos meses nos hemos enterado de cómo la enfermedad Covid19 se ha convertido en un motivo para discriminar, para ejercer exclusión, odio y violencia, los casos los vieron ustedes en las redes sociales, incluso aquí, en nuestra localidad. Dicha conducta podría tener detrás un prejuicio religioso remoto, ya que en las religiones judeo-cristianas la enfermedad es un mal, consecuencia del pecado, un castigo divino al que hay que tener mucho miedo, tal fue el caso emblemático de la lepra.

En estos tiempos esa visión de la enfermedad como castigo debería estar erradicada de nuestra mente, más aún si entre nuestro bagaje cultural ancestral existían otros conceptos cosmogónicos sobre la salud y la enfermedad, vistos como equilibrio entre el individuo y el cosmos.

No obstante, hemos sido testigos de agresiones a personal médico que porta su uniforme, a ciudadanos que no usan el cubrebocas y sabemos que quien ha estado enfermo de Covid19 tiene miedo de que ello se sepa. La razón es muy sencilla de explicar, aunque muy difícil de aprehender: “sabemos que somos practicantes continuos e incansables de un auténtico arcoíris de prejuicios y discriminaciones en nuestra vida cotidiana” (palabras textuales del escritor e historiador Federico Navarrete en su libro Alfabeto del racismo mexicano).

Vivimos tan inmersos en la discriminación que no la podemos ver, estamos tan habituados a despreciar al “otro”, por casi cualquier cosa: por su color de piel, por su estatura, por su forma de vestir, por su lengua, por el barrio en el que vive, porque no es de Cadereyta. Podría hacer todo un catálogo de lo que he escuchado a lo largo de mi vida, hasta por parte de un funcionario público de Gobierno del Estado que fue mi jefe en Cadereyta: “vaya y fíjese qué coche traen para ver si los atiendo yo personalmente” (este es el único ejemplo que daré hoy, pero recuerdo muchos más).

En el fondo de todo este proceder lo que habita es la idea de que unos individuos son superiores a los otros, de que unos están manchados y otros son puros, de que el otro es diferente y me produce miedo, de que a mí me lo han hecho y yo busco con quien repetirlo. Esta conducta es indudablemente tóxica y causa daño, se contagia, se hereda, se educa con ella y se perpetúa, por lo tanto tiene comportamiento epidémico, es una epidemia.

La única manera de acabar con esta epidemia es parar esas conductas de agresión en todas sus facetas: desde las supuestamente más inocentes que se disfrazan de broma o elogio hipócrita, hasta las más abiertas y violentas que pueden llevar a la muerte a las víctimas.

En la base del pensamiento sano debe prevalecer la certeza de que biológicamente no existen las razas, que genéticamente todos somos muy cercanos y casi idénticos y que la diversidad cultural, lingüística, fenotípica y de ideas en el mundo es una gran riqueza que debemos valorar. Lo que en realidad ha marcado diferencias entre todos nosotros es la desigualdad social y económica. Esa es la causa de todos los males: pobreza, destrucción del medio ambiente, negación de derechos, epidemias y más.

Primera entrada en la letra F, del Alfabeto del racismo mexicano. En esta entrada Federico Navarrete nos narra su propia experiencia de ser discriminado.

¿Cuántas historias como estas conocemos cada uno de nosotros?  

Paren el mundo, yo me bajo

Siempre me pregunté ¿cómo sería vivir en un hecho histórico? Ahora ya no quiero pensar en esa pregunta: Ana María Chávez, 10 años, Querétaro.

Paren el mundo, yo me bajo. ¿Cuántas veces pasó por la cabeza de alguno de nosotros este pensamiento? Sobre todo cuando nos sentimos agobiados por el trabajo, los pagos, la rutina, las noticias del país y la decrepitud del mundo. Y ahora que parece que una buena parte del mundo se ha detenido, muchos que habíamos pensado en ello no sabemos cómo bajarnos, mientras que otros están ansiosos de que vuelva a funcionar la destartalada maquinaria del mundo a todo vapor.

Y la pregunta clave para los que queremos otro mundo es ¿cómo podemos “bajarnos"?

Entre más inmersos estamos, directa o indirectamente, en la vida de las grandes ciudades, más involucrados estamos en la maquinaria socioeconómica del mundo, mientras más lejos estamos de esa maquinaria, más cerca estamos de la puerta de salida.

Vivir geográficamente lejos de las grandes ciudades no significa poder salir con mayor facilidad, nuestra dependencia es lo que realmente dificulta nuestra salida, y esa dependencia consiste en: necesidad de productos y servicios, necesidad de empleos, necesidad de vida social urbana, deseo de progreso y sobre todo, en la aspiración de colocarse dentro del “modelo ideal de vida y felicidad” que se promueve en toda campaña publicitaria que aparece en una pantalla digital.

Quienes necesitan menos productos, servicios y modelos aspiracionales provenientes de las grandes ciudades, aunque vivan dentro de ellas, están a un paso de poder bajarse del mundo, y quienes están cada vez más dispuestos a cortar esa dependencia, están a dos o tres pasos, pero también hay quienes ya supieron cómo bajarse.

La idea de “parar al mundo”, no es solamente una ocurrencia personal e individual, es también una idea que muchos filósofos y científicos del mundo han planteado desde hace ya más de medio siglo.

En 1962 Rachel Carson en su libro Primavera Silenciosa nos lanzó la primera advertencia sobre el abuso de sustancias tóxicas en la agricultura (en aquel tiempo era DDT, hoy es glifosato) y vaticinó un mundo sin polinizadores, sin aves, con agua contaminada (o sin agua), con enfermedades (¿les suena conocido?).


En 1976 Stephen Schneider comenzó una campaña de divulgación científica en la que se habló por primera vez a nivel global, del calentamiento de la atmósfera terrestre por incremento de los gases de efecto invernadero.

Por otra parte, en las últimas décadas se ha documentado la mayor tasa de extinción de especies y pérdida de biodiversidad de toda la historia de la civilización, lo que implica no solo la pérdida de especies sino la pérdida de ecosistemas enteros: suelo, agua, vegetación, fauna, microbiota y los procesos evolutivos que sustentan la vida.

Ante esta crisis global, mucho más poderosa que cualquier crisis económica, los científicos y filósofos mexicanos seguidos por sus colegas latinoamericanos y de otros países con alta riqueza biológica y cultural, como México, han propuesto que para evitar la destrucción de la vida en la Tierra se debe cambiar el modelo de desarrollo en el que se mueve el ser humano, que se debe practicar la conservación integral de la diversidad biológica y la diversidad cultural de todos los pueblos rurales y originarios de todo el mundo, con sus lenguas, con sus tradiciones, con sus quehaceres y con sus conocimientos, porque en ellos y en sus prácticas de vida está la clave para asegurar el equilibrio entre el agua, la alimentación, la calidad del aire y la salud de todos los seres vivos de la Tierra, principalmente del hombre, ya sea urbano, rural o indígena.

A este conjunto de verdaderas riquezas del mundo se le conoce como nuestro Patrimonio Biocultural, y para su sustento y su conservación se requiere de una transformación civilizatoria; es decir, reinventar el modelo de civilización humana en que vivimos para que sea independiente de los mercados, que sea ajeno al ficticio concepto de crecimiento económico sin límites, que incluya un modelo científico en el que estén presentes los saberes y los conocimientos milenarios de los pueblos originarios, que sea pluricultural y multipolar (que no sea tipo europeo, ni norteamericano, ni exclusivamente científico universitario), que incluya el pensamiento y la participación real de los pueblos indígenas y la sociedad civil.


Si esta es la puerta de salida, señores, yo me bajo en esta parada.

Me voy junto con los que se mudan a trabajar al campo, con los que no compran lo que no es necesario, los que no van a los supermercados y tiendas departamentales menos si son trasnacionales, como las que durante la contingencia sanitaria han incrementado jugosamente sus ventas y quienes seguramente no pagan o regatean el pago de sus impuestos.

Caminaré con los que no usan el coche, seguiré trabajando en mi huerto de azotea, con mi composta diaria; no he cambiado mi celular en seis años y no quisiera cambiarlo nunca, no veo ni veré televisión, no compro ni compraré ropa u objetos “de marca”, no consumo alimentos industrializados o importados, tampoco productos de la agricultura industrial, no voto. Uso plantas medicinales, hago ejercicio, participo y participaré en movimientos sociales genuinos, leo los periódicos, no comparto memes y cadenas, mucho menos noticias falsas.


La salida está en las resistencias bioculturales. En México existen casos emblemáticos de colectivos que ya están en la puerta de salida, ellos están en Oaxaca, en Michoacán, en la zona Maya, en la Sierra Norte de Puebla, en Tlaxcala o en la zona Zapatista de Chapas: pero también están en las grandes ciudades, produciendo hortalizas en sus huertos urbanos o miel en los predios que rodean a los fraccionamientos invasores.


Entre todos estos proyecto se producen hortalizas, café, miel y frutas. Con su trabajo contribuyen a la protección de los bosques, el agua y el aire, paro además se organizan para luchar contra los proyectos mineros, resisten al crimen organizado y se oponen al despojo de sus territorios por las parte de las empresas inmobiliarias, eólica e industriales entre muchos otros megaproyectos más.

Para saber más, consulta:

México, regiones que caminan hacia la sustentabilidad. Toledo y Ortiz 2014, http://www.cidesca.org.mx/archivos/E2-2.pdf

¿Quién nos alimentará? Grupo Etc. 2018, https://www.youtube.com/watch?v=7a_3YSiTc88


Nuevo etiquetado frontal de alimentos en México

¡Peligro! ¡Peligro! ¡Exceso de grasas, exceso de sodio, exceso de azúcar!


Siempre que la sociedad enfrenta un peligro ambiental, una catástrofe, un riesgo sanitario o una epidemia, es obligación del Estado advertirnos, informarnos, y protegernos con la mayor efectividad posible.

Si esta es su obligación, ¿Por qué han dejado pasar tantos años sin advertir sobre las causas de la epidemia de sobrepeso y obesidad que enfrentamos?

Esta situación ahora podría tener un cambio significativo, ya que a partir de 2021 se usará una nueva forma de etiquetar productos alimenticios industrializados y bebidas no alcohólicas; los cuales, además de la ya conocida tabla de valores nutricionales (que muy pocos entienden), tendrán en la parte frontal del paquete una serie de sellos octagonales negros con las advertencias: Exceso de sodio, exceso de grasas saturadas, exceso de grasas trans o exceso de azúcar, según sea el caso. Además de que estará prohibido incluir en los paquetes a personajes famosos, caricaturas o sellos de aval de instituciones médicas como cardiología, pediatría, diabetes, etc.


La aprobación de esta nueva regla se dio después de un largo jaloneo entre la sociedad civil organizada, académicos, autoridades sanitarias y la industria de los alimentos; estos últimos, oponiéndose duramente a añadir las advertencias en sus etiquetas. Sus argumentos son principalmente de índole económica, pues además de presentir que bajarán sus ventas, proclaman que se violan sus derechos de propiedad industrial por tener que eliminar personajes, caricaturas, regalos y sellos de aval de sus envolturas o propagandas; mismos que funcionan como ganchos para atraer a los niños y a los fans de cada personaje, y cuya imagen representa millonarios contratos publicitarios.


No obstante, esta vez la ley intenta priorizar la salud por encima de los derechos comerciales.

En países como Chile y Perú donde ya se aplica esta forma de etiquetado, no se le pidió su opinión a la industria alimentaria, sólo se tomó la decisión de advertir a la población y se obligó a los industriales a acatar la ley; lamentablemente, en México se permite que existan conflictos de interés en muchos procedimientos y contratos del Estado.

Aunque se ha dado un paso adelante con esta advertencia, el objetivo de limitar el consumo de sustancias de riesgo aún no se ha logrado del todo, ya que también se pretendía notificar sobre el contenido de edulcorantes (endulzantes artificiales) y éste no fue aceptado como sello octagonal sino como una franja pequeña. El problema del consumo de los edulcorantes, sobre todo en los refrescos de dieta y en las bebidas o golosinas para niños, es que no se conocen sus efectos sobre la salud a largo plazo ya que son aditivos relativamente nuevos en la industria y de los que aún no existe suficiente información sobre sus procesos metabólicos dentro del cuerpo.

Algunos estudios indican que al engañar al paladar sobre la entrada de azúcar al cuerpo, éste se prepara para digerirla, y al no encontrarla, se confunde y no activa su control de saciedad (por el contrario, incrementa el apetito de azúcar porque el cuerpo la sigue esperando) así, se retienen más grasas para compensar el déficit de azúcar y disminuye la efectividad de la digestión de cada alimento. Como estas sustancias son ajenas a la naturaleza de nuestros alimentos y de nuestro cuerpo, también modifican la composición de la flora intestinal y eso altera la digestión, lo que tiene como consecuencia problemas como dispepsia, gastritis y colitis ¡Todo esto sólo a cambio de hacer un poco más sabroso tu refresco y disminuir el riesgo de padecer caries!

El nuevo etiquetado frontal puede ser un paso adelante en la lucha contra la pandemia de obesidad y sobrepeso, sin embargo, la razón por la que llegamos involuntariamente a aumentar nuestros kilos tiene otras causas mucho más profundas, una de ellas es la intensa industrialización de toda nuestra vida. Hemos abandonado el campo y la dieta de milpa, se ha intensificado la agricultura industrial con sus enormes invernaderos, sus agroquímicos y sus transgénicos. Desdeñamos las formas tradicionales de vivir de comer y de curarnos: en el campo, sin coche, sin prisas, sin supermercados y tiendas de conveniencia, con remedios de la abuela y con comida hecha en casa.


En este proceso tienen una gran responsabilidad, al menos los cinco o seis últimos gobiernos federales que permitieron el empobrecimiento y luego desmantelamiento del campo para su transformación hacia lo industrial y urbano; pero también los medios de comunicación son grandes responsables, principalmente las televisoras, pues penetran profundo en nuestro pensamiento con publicidad engañosa y falaz, ya que casi toda la publicidad de alimentos está diseñada para la televisión.

Sin embargo, la mayor responsabilidad es de la industria mundial por su afán de crecimiento desmedido; y de conformidad con esta filosofía, ya han asegurado que van por los amparos contra la nueva norma de etiquetado, y como hay mucho dinero de por medio, podríamos fácilmente asegurar que los conseguirán.


El desenlace de esta historia está en manos del gobierno mediante la regulación de las normatividad de salud, pero también está en nuestras manos, cuando compras, cuando cocinas, cuando comes, cuando educas; así, debemos aprender a deleitar nuestro sentido del gusto desde la niñez, evitar enmascarar los sabores reales de los alimentos con sustancias químicas y pensar en no engañar a nuestro cerebro o a nuestro paladar, sino en equilibrar nuestra alimentación y sazonarla sólo lo sutilmente necesario.




Los Muros de Agua


Una prisión rodeada de mar con tiburones, 112 kilómetros de distancia hasta la costa más cercana, trabajo forzado, violación de derechos humanos, tortura, y aislamiento, estas son algunas de las imágenes que vienen a nuestra mente cuando pensamos en las Islas Marías; no obstante, también se trata de una colonia en la que algunos prisioneros y empleados viven con sus familias, en donde hay escuelas, hospital, biblioteca, iglesia, tianguis y panteón, como en muchos pueblitos de México, pero además rodeado de una gran riqueza biológica marina y terrestre y enmarcado por un hermoso paisaje.


Durante la época colonial Hernán Cortés se adjudicó el descubrimiento y la posesión de las islas, pero nunca ordenó su explotación o poblamiento, posteriormente pasaron a ser propiedad privada y a lo largo del tiempo pasaron por varios dueños, sirviendo como refugio de piratas y sólo durante algún breve periodo de tiempo para la extracción de madera de cedro.

En el año de 1905 Porfirio Díaz las convirtió en propiedad federal y decretó que la isla María Madre (la más grande de las cuatro que conforman el archipiélago) se convertiría en Colonia Penal Federal, destinada a recluir “delincuentes peligrosos”; sin embargo, después sirvió también para enviar a personajes que se manifestaban en contra del gobierno: revolucionarios, cristeros y comunistas (muchos de ellos presos políticos).

A partir de 1939 Lázaro Cárdenas autorizó la presencia de las familias de algunos reos en la Isla y entonces se restringió el ingreso de psicópatas y delincuentes sexuales.

Para el año 2000 el territorio tanto terrestre como marino de las Islas Marías se declaró Reserva de la Biosfera, ya que para fines de conservación biológica todas las islas son territorios de muy alta importancia científica, porque en ellos el aislamiento puede generar cambios evolutivos más rápidamente que en los ambientes abiertos y extensos. Las islas también son grades laboratorios en los que los científicos pueden estudiar diferentes procesos bilógicos y ciclos como los del agua y el carbono, que sirven para comprender la dinámica de la vida en la tierra y su problemática, como el cambio climático global y la extinción de especies. En las Islas Marías existen al menos 17 especies de flora y fauna endémicas (es decir, que sólo se encuentran en ese sitio) como el loro cabeza amarilla de las Islas Marías, el mapache de las Islas Marías y el conejo de Tres Marías, además de una gran riqueza de especies y ecosistemas frágiles que están en riesgo de desaparecer en otros territorios, como la tortuga carey y la tortuga golfina, los manglares y los arrecifes de coral, todo ello rodeado de acantilados, playas arenosas, puntas rocosas, islotes y fondos arenosos.


Hoy las islas Marías han dejado de ser una prisión y existe la iniciativa de ocupar las instalaciones de la Isla María Madre para la creación de un centro científico, cultural y ambiental en el que los niños puedan ir a aprender sobre la riqueza biológica de México, para que muchos de ellos puedan ir a conocer el mar y para que los biólogos sigan adelante con sus trabajos de conservación y reproducción de especies valiosas, pero sobre todo, esperamos que sirva para evitar que algún día este territorio se convierta en lo mismo que todas las playas de México: propiedad privada en espera de ser invadida por hoteles de lujo, yates, cruceros, casinos y basura.

Mientras tanto, la violación de los derechos humanos, la tortura, el aislamiento y los reos se irán a otras prisiones, pero en los recuerdos y el imaginario de las generaciones de hoy y hacia el pasado, quedará la huella del sufrimiento por el que vimos padecer a Pedro Infante en la película “Las Islas Marías”. Tal vez recordaremos que allí también estuvieron personajes importantes como José Revueltas, condenado por ser incómodo para el gobierno, militante del partido comunista y a quien le debemos el poético nombre que llevará el nuevo centro científico-cultural “Los Muros de Agua”, que es el título de la novela en la que nos narra la condena de cinco comunistas (cuatro hombres y una mujer) en esta prisión. Y cómo olvidar que la Madre Conchita, Concepción Acevedo de la Llata (monja queretana) acusada de ser la autora intelectual del asesinato de Álvaro Obregón quien también purgó una condena de más de 10 años en esa prisión.


Abejas y polinizadores


¿Cuántas veces ha escuchado usted que sin abejas no hay agricultura, no hay alimentos, no hay vida? Circulan en las redes sociales algunos memes que nos advierten sobre los peligros que enfrentan las abejas, y a los que nos enfrentamos nosotros mismos si no paramos el uso de insecticidas y otros productos que las matan o que contaminan su alimento.
Esta propaganda tiene mucho de verdad en sus mensajes, pero también tiene imprecisiones que debemos entender para poder contribuir a evitar el colapso de los polinizadores, por ejemplo: que siempre nos muestran la imagen de una abeja europea, la abeja que produce miel mediante la práctica de la apicultura; sin embargo, el peso de la polinización a nivel global o a nivel local en cualquier ecosistema natural o urbano no recae solamente en las abejas de la miel, ya que existen miles de especies de insectos que dependen de las flores para su alimentación (avispas, mariposas, escarabajos, hormigas y polillas nocturnas), además de algunas especies de aves (como los colibríes) y también muchas especies de murciélagos. Es por ello que debemos hablar de polinizadores y no sólo de abejas.
Otro detalle impreciso, es que la campaña de los memes nos invita a sembrar plantas como lavanda, caléndula, solidago, zinnia y otras que no conocemos porque no son nativas de nuestro país y que aquí no se comercializan o son escasas. En contraparte, la campaña original para la protección de la polinización recomienda sembrar “una amplia variedad de plantas autóctonas”, es decir plantas de cada lugar.
La defensa de los polinizadores y las abejas tiene su origen en los primeros años de este siglo, a partir de una alerta emitida por apicultores y agricultores europeos que tuvieron notables decrementos en sus tasas de producción por falta de visitantes florales. A partir de este hecho, la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) y la Comisión Europea (órgano ejecutivo del Parlamento Europeo) emprendieron la tarea de divulgar información sobre la enorme importancia de la relación entre las flores y su fauna asociada; no obstante, señalan que en cada país la campaña debe adaptarse a las cualidades de su entomofauna (fauna compuesta por insectos), de su flora silvestre, de su agricultura y de sus polinizadores no insectos.


En México ya existe una iniciativa en este sentido, se trata del proyecto “Jardines para Polinizadores” promovido por la red de escuelas REEDUCA y CONABIO, que busca crear refugios con flores diversas y flora nativa, tanto para insectos como para aves y murciélagos; sin embargo, este proyecto por ahora sólo funciona en algunas escuelas de la Ciudad de México, otras en el Estado de México y una escuela privada de la ciudad de Querétaro.
Ante la crisis de sobrevivencia que enfrentan los polinizadores, es evidente que se requieren los jardines dedicados a ellos, no sólo en las escuelas, sino en cualquier espacio disponible para la siembra de flores (que no sea un invernadero); pero ante todo, es de la mayor prioridad detener la destrucción de los hábitats naturales, puesto que allí es donde se dan con auténtica intensidad las relaciones entre las flores y sus polinizadores. Es importante también evitar el uso de insecticidas y sustancias contaminantes, ya sean químicas, como el cloro y los aromatizantes, o biológicas, como los cultivos transgénicos.
Mientras tanto, en nuestras manos está la posibilidad de llenar nuestros jardines con flores, no sólo las de vivero, sino también las flores silvestres, las cuales han sido omitidas o discriminadas en los memes que circulan en la red.




Entre esas bellezas nativas que debemos considerar para halagar a nuestros polinizadores locales están las siguientes: maravilla o Diego de noche, mirasoles, shotos, cinco llagas, mezquite, huizache, garambullo, jarilla, palma yuca, aceitilla, hierbamora, toloache, cazahuate (o palo bobo), quiebraplatos (o hiedra), mayitos, estrellitas, dalias, magueyes, calabaza, cinco negritos (o payasito) y muchas más.
Y cada vez que se acerque a nosotros un insecto o que veamos cerca un murciélago, o nos topemos con un gusano azotador o una oruga de colores (cada uno de ellos es una mariposa), en lugar de lanzar un golpe mortal o pensar en un insecticida, lo que debemos pensar es que de ellos depende la producción de granos, frutas y miel, la riqueza biológica de nuestro país y la belleza de las flores.
Payasito o Cinco negritos (Lantana camara, Verbenacea) con mariposas
En consecuencia, la campaña publicitaria de las redes sociales se queda muy corta y debemos comenzar a difundir nuestra propia campaña de memes especiales para México.

Cinco llagas, (Tagetes lunulata, Asteraceae)



Girasol (Helianthus annus, Asteraceae) 

Dahlia sp. Variedad mejorada

Ojo de pollo (Sanvitalia procumbens, Asteraceae)

Damiana (Turnera diffusa, Turneraceae)

Vara de San Pedro, Tecomaxochitl (Tecoma stans, Bignoniaceae)

Toritos (Proboscidea louisiana, Martyniaceae)



Dalea sp.

Mal de ojo (Zinnia peruviana, Asteraceae)

Cardo (Solanum rostratum, Solanaceae)


Quemas de vegetación, humo y ecosistemas que se pierden


Una práctica común en los meses de enero a mayo es la quema de vegetación en el campo y en los predios de la periferia urbana. La razón por la que cada año se realiza esta actividad es porque los ganaderos tienen la certeza de que si el fuego acaba con los remanentes de pasto seco, el crecimiento de nuevos brotes se acelerará y favorecerá la alimentación temprana del ganado que pasta en estos sitios.


Esta práctica es totalmente empírica, pero tiene una explicación científica: al quemar la vegetación algunos minerales esenciales para el crecimiento de las plantas como el calcio, el potasio, el fósforo y el magnesio se liberan con la combustión de las ramas y se reintegran al suelo en un “formato” de fácil asimilación para las raíces. Con la quema no se afectan los rizomas de los pastos (tallos enterrados a los que también se les conoce como guías) y como estos tienen una gran capacidad de regeneración, reverdecerán en muy poco tiempo después de haber sido “podados y abonados” por el fuego.
En el caso de los pastizales o matorrales con uso ganadero, este proceso parece a simple vista una maravilla de manejo; sin embargo, un pastizal ganadero no solo alberga pastos y borregas, y a costa de una “aparente” buena alimentación para el ganado, un sinnúmero de especies y procesos biológicos-climáticos se ven afectados con esta aparatosa y peligrosa práctica, misma que la mayoría de las veces se sale del control de quienes la provocan y a quienes parece no importarles si el fuego se extiende a los predios vecinos, aunque estos sean bosques, viviendas, industrias, basureros y hasta gasolineras o gaseras.

En los años recientes este fenómeno de las quemas parece haberse incrementado en intensidad y en frecuencia, aunque las estadísticas aseguran que en este 2019 el número de incendios ocurridos entre los meses de abril y mayo ha sido menor que el de 2018. La razón por la que sentimos que este fenómeno se ha agravado tiene mucho que ver con el hecho de este año ha sido más caluroso y más seco, con una sequía acumulada de años anteriores, lo que provoca un incremento en la cantidad de materia seca presente en el ambiente que es más combustible que cuando está húmeda o verde. Por otra parte, ahora hemos visto arder zonas de vegetación que antes no se quemaban, muchas veces con la intención de favorecer los cambios de uso de suelo, a pesar de que la legislación forestal prohíbe que se den estos cambios en al menos 20 años después de la quema, paradójicamente el cambio de uso de suelo se otorgará cuando el ecosistema se haya recuperado ¿qué clase de protección es esta?, parece una burla.

Aunque la vegetación de los matorrales y los pastizales luzca enmarañada y opaca durante el invierno, se trata de un ecosistema, uno en el que habitan además de las plantas propias de matorral (nopales, huizaches, mezquites, yucas, biznagas y magueyes) un número incalculable de insectos y una población muy significativa de reptiles, anfibios, moluscos, aves y pequeños mamíferos, que son cruelmente afectados por la quema y sus poblaciones paulatinamente reducidas, con la agravante de que muchas de estas especies ya se encuentran en alguna categoría de riesgo de extinción.


La recuperación del matorral después del fuego es lenta y cuando aún hay plantas y poblaciones de animales que no se han recuperado del todo, vuelve el invierno y otra vez los incendios.
Los pastos brotan con rapidez, pero las otras plantas son severamente afectadas en su ritmo de floración y por ausencia de los insectos polinizadores, tampoco producirán frutos y semillas en varios años. Los reptiles sobrevivientes se quedan sin alimento (insectos y roedores), las aves se alejan de los sitios quemados pues ya no brindan alimento ni protección y aunque el suelo gana algunos nutrientes, pierde mucha humedad.
Al cabo de los años los pastos más apropiados para el ganado se deterioran porque sus ciclos de vida se aceleraron con el fuego, los predios son invadidos por pastos resistentes al fuego que no sirven para el ganado (como el pasto rosado: Melinis repens), se llenan de basura y llegan las ratas, se acaban las víboras que las controlan y además se acaban los nopales, los chilitos, los huamishís y los garambullos.

Matorral invadido anualmente por el pasto rosado (Melinis repens) en Cadereyta. El pasto rosado no sirve para el ganado, es una especie invasora que modifica la estructura del suelo y agota los nutrientes.

Los matorrales son los tipos de vegetación predominantes del centro de México, el ganado caprino y ovino son fundamentales en nuestras comunidades productoras de barbacoa, pero sin magueyes no hay pulque ni pencas para el horno, sin leña de mezquite no sabe igual la carne y sin las otras plantas olvidaremos poco a poco los guisos y postres mágicos del Semidesierto. Por lo tanto, tan importante es el matorral como los hatos ganaderos.
Lo que hace falta es la atención de las autoridades para la regulación de las quemas y el diseño de un mejor manejo para los animales que requieren alimento. También se requiere que hagamos conciencia de que la atmósfera ya no aguanta más la emisión de nuestros desechos y que el clima está cambiando.
Cada día se nota con más intensidad la carga de humos y polvos en el aire del centro de México, incluyendo ahora nuestro paisaje más cercano: la ciudad de Querétaro, San Juan del Río, Tequisquiapan y hasta el Semidesierto Queretano (Colón, Cadereyta, Ezequiel Montes) que hasta hace muy poco tenían cielos limpios, azules y transparentes.

Si ahora Querétaro está considerado como parte de la Megalópolis, nuestras autoridades deberían entregarnos reportes diarios sobre las condiciones de contaminación atmosférica y alertarnos sobre los efecto de las quemas de vegetación y los incendios forestales; así también, podremos analizar si su efectividad en el incremento de la producción de pasto para el ganado es más importante que el daño que causan para el ambiente y para la salud de las personas que respiramos el humo.

Campañas electorales en México: Estrés y angustia y sus efectos personales y sociales


¿Acaso las campañas electorales no están expresamente diseñadas para incidir sobre nuestras emociones? Lo podemos comprobar solo con hacer un somero análisis de los discursos, la publicidad y los eslóganes de cada candidato o partido, pero además lo podemos comprobar académicamente si hacemos una leve revisión bibliográfica sobre psicología política y campañas electorales. Tampoco es difícil reconocer que las emociones básicas que los psicólogos definen, están claramente involucradas en el desarrollo de toda la contienda electoral: alegría, miedo, tristeza, rabia e ira.
Por involucrar emociones, estos acontecimientos inciden directamente sobre nuestro cerebro y también sobre nuestro cuerpo, aunque usted no se percate de ello todavía.
Es bien sabido que ante un impacto emocional podemos enfermarnos de “espanto”, que no es otra cosa que una alteración nerviosa y digestiva caracterizada por insomnio, diarrea, vómito, fiebre, sobresaltos y falta de apetito.
De este mismo modo, todas las campañas políticas, así como toda campaña publicitaria que utiliza la psicología para incidir sobre nuestras emociones (marketing), tendrá efectos secundarios desfavorables para la salud, quizá mucho más allá de lo que nos imaginamos y con alcances desde lo individual, lo colectivo y hasta en lo global; incluso en el caso de que las campañas se diseñen con tonos positivos y optimistas, con canciones y videos alegres y esperanzadores.
Entre los efectos secundarios o conflictos emocionales nocivos que superficialmente podríamos reconocer como consecuencia de las campañas electorales tenemos: odio entre familias enfrentadas temporal o definitivamente por pertenecer a bandos opuestos; miedo ante la amenaza de que si tal o cual candidato es declarado vencedor, recaerán sobre nosotros (casi a manera de castigo divino) escarmientos y condenas de índole política, económica y social; miedo y rabia ante el asesinato de candidatos y políticos (110 hasta el día en que se redactaron estas líneas); tristeza ante la certeza (que casi todo mexicano tiene) de que sean quienes sean declaradas las próximas autoridades, nuestra situación de pobreza, violencia, despojo, falta de inversión pública y corrupción, casi no se verá afectada en nuestro favor, es decir, permanecerá como sigue o empeorará.
Las consecuencias de este involucramiento emocional nos conducen veladamente al estrés y a la angustia, a pesar de que ante algunos de estos conflictos nos hemos hecho aparentemente “inmunes” y otras veces nos parece que son asuntos tan lejanos que quizá nunca nos alcancen.
Es un hecho científicamente comprobado que el estrés y la angustia son causa de muchas enfermedades, ya que al manifestarse la intranquilidad en nuestro cuerpo se pueden producir efectos que van desde la simple tensión muscular, que genera dolor, deficiente oxigenación y desordenes digestivos, hasta la depresión del sistema inmunológico que nos conduce a una gran variedad de trastornos y enfermedades, entre las que se incluyen diversos tipos de cáncer.
Socialmente también hay efectos nocivos sobre la salud de la colectividad, ya que la presencia manifiesta o velada de los sentimientos negativos influye directamente sobre la configuración del tejido social, el cual en México está claramente enfermo, cual si fuera el tejido corporal de un individuo con cáncer o leucemia.
Si las campañas electorales y en general el discurso político no están dirigidos a proporcionar información y datos que incidan sobre nuestro intelecto, quiere decir que quienes han diseñado este esquema de comunicación entre la autoridad y los ciudadanos nos consideran seres en declarada pobreza intelectual, dispuestos a reaccionar emocionalmente a ciegas contra nuestros “enemigos políticos” y tan altamente manipulables que hasta nos alegramos al escuchar el más “ingenioso” plagio de nuestra canción favorita convertida en propaganda de campaña; mientras que por otra parte, somos seres reprimidos e inutilizados para la defensa de nuestros derechos, de nuestro territorio, de nuestros recursos, y hasta de nuestra propia vida, gracias al MIEDO a futuros etiquetados con palabras de las que vagamente conocemos su significado pero que nos han vendido muy baratas gracias al marketing electoral.


Fotografías tomadas en la Cuidad de México el día 7 de Julio de 2012 en una de las Mega Marchas Anti Peña de aquel año de elecciones presidenciales. 

Nuestro champú


La formulación de nuestro champú incluye un conservador orgánico a base de cítricos y un acondicionador a base de gomas naturales, es libre de sulfatos, sal y parabenos; no es muy espeso por no incluir la sal, que reseca la piel y el cabello. La base jabonosa que usamos es biodegradable y se deriva de azucares y coco, por lo que es muy suave y resulta ideal para pieles sensibles y niños.

Champú acondicionador de Miel con Polen 1 lt y 250 ml
Este champú es ideal para cabello ondulado y rizado o para cabello maltratado por los tintes y la resequedad. Su fórmula es altamente nutritiva y contiene un suavizante vegetal en lugar de acondicionadores químicos.



Champú acondicionador Neutro 1 lt
Champú para piel extra sensible no contiene extractos, colorantes o aromas, su acondicionador es un suavizante vegetal. Es especial para cabello lacio o planchado. Champú listo para adicionar tu esencia preferida.



Champú acondicionador de raíz de Bardana 1 lt
La raíz de Bardana tiene propiedades equilibrantes de la grasa en la piel y propiedades antimicóticas, es decir, que evita el daño por hongos. Estas propiedades hacen de este champú un excelente producto para evitar la caída del cabello, para regular el exceso de grasa en la raíz y para erradicar la caspa.  Esta adicionado con extracto de Sangergado, esencia de romero y tintura de propoleo, que complementan sus propiedades terapéuticas.

Proceso de elaboración de nuestro champú de Bardana
100% artesanal













Espinosilla, Ortiga y Sangregado


Esta formulación ayuda a evitar la caída del cabello porque estimula la circulación en la piel cabelluda y limpia la a profundidad, además fortalece la raíz y estimula su crecimiento. 


Chile con Romero


El extracto de Capsicum (chile piquín) ayuda a fortalecer la raíz del cabello  y le da un mayor brillo. 

Manzanilla

Tradicionalmente la manzanilla se ha utilizado para mantener el color claro del cabello, pero también puede ayudar a mantener una coloración clara y duradera en un tinte rubio o castaño claro.