Cómo vencí al coronavirus con Vick Vaporrub

Cuento de ciencia ficción sobre virus e infodemia

 11 de diciembre de 2020, 11:09 pm

En medio de la cohetera por el festejo de Guadalupe

Yo siempre he usado remedios caseros, los que el tío Pablo me enseñó: ajo picado con leche para la panza, ajo picado con limón para tos, sábila asada para el dolor de rodillas, ajenjo para el hígado, pero eso sí, macerado en un buen mezcal. Pero cuando me quiere doler la garganta, lo único que uso es Vick Vaporrub.

Si se te tapa la nariz, si te pica la garganta, si te cala frío en la espalda, si ya te da la gripa, eso y el té de canela con ajo y cebolla morada ¡caramba! No hay catarrito que resista.

Ahora con eso de la andancia del coronavirus, yo aquí tengo junto a mi cama mi bote de vaporrub, ha de ser el mismo de hace años, pero ahora con su envase de plástico ¡Bah, qué bonito era el envase de vidrio, con su tapa metálica! Cómo no guardé ninguno de recuerdo.

Yo les tengo toda la fe del mundo a mis remedios, más ahora con esta pandemia.

Van varias noches que al acostarme siento como que me comienza a picar la garganta ¡Sí, debe ser el maldito coronavirus! Así que rápidamente me lo unto en todo el cuello, me lo pongo en el pecho, en la espalda, hasta donde alcanzo, y al otro día ¡Ni mais paloma! nada de coronavirus.

Ayer de plano sí me convencí de sus efectos, me dolía la cabeza y tenía unos bochornos que ¡bueno!

Inmediatamente me dije: Nacho, es hora de acabar con este virus. Me unté mi remedio, me cobijé como tamal y listo. Hoy, nada de nada.

Así que lo voy a publicar en mi feis, que se entere el mundo ¡chance y hasta me vuelvo popular!

 Así que esa noche, Nacho toma su celular, teclea como desesperado, le toma foto a su bote ya muy vacío de Vick Vaporrub y cuenta su historia:

 ¿Qué estas pensando, Nacho M?

De cómo vencí al coronavirus con Vick Vaporrub. Receta de mi tío Pablo M.

Taca, taca, taca, taca, taca, taca. Taca, taca, taca, taca, taca, Tín.

Agrega a tu publicación…Publicar...

¡Enter! ¡Listo!

Ahora sí, mi receta seguro se va a hacer famosa.

 Nacho deja su celular, se unta su Vick Vaporub, se cobija hasta el copete y se duerme casi inmediatamente.

 A la mañana siguiente, ya casi clareando el día en su ventana, mira su celular que flashea en la luz de los avisos. Se anima porque sabe que eso significa que ya tiene algunos laiks en su publicación.

 Abre la pantalla y no puede creer lo que está vendo:

1895 notificaciones.

 Se aclara la vista con las manos, se acomoda en su camastro y vuelve a mirar 2415 notificaciones.

 Espantado lanza su aparatejo fuera del catre y piensa ¡Cochinada, ora te cayó a tí el coronavirus!

Despacio, vuelve a tomar su vejo motorola del piso y mira una vez más. Ahora dice 3614 notificaciones.

¡Nooooo, esto no puede ser posible!

Al abrir su facebook, la sorpresa es aún mayor: 1825 solicitudes de amistad, 6512 veces compartida su publicación y 4227 likes.

Pero eso no es todo, aún no comienza a leer sus comentarios, cuando brota en la pantalla un mensaje de alerta.

Estimado Nacho, tu cuenta básica excede la tasa de actividad permitida para nuevos solicitantes. Para monetizar tus publicaciones ve a la sección “Ajustes” y seleciona…

¿Quéeeee? ¿Qué demonios es esto? ¿Qué significa todo este rollo?

Apresuradamente Nacho intenta buscar ayuda en videos de trucos para limpiar tu celular y tus cuentas de spam.

Al ingresar a la sección “Noticias”, su sorpresa y su confusión son aún mayores.

En primerísimo lugar tres noticias con el hashtag, ¡Cómo vencí al coronavirus con Vick Vaporrub!

¡Quéeeeee! ¡Y una de esas fotos es la de mi propio tarro vacío de vaporrub!

¡Es mi propio texto! Pero un poco diferente.

 Con miedo, Nacho apaga su celular y se sale a buscar a sus amigos de los changarros de la esquina, los que “arreglan celulares”.

 Cuando llega con ellos lo primero que le preguntan es que si ya supo la noticia bomba: Anoche hackearon facebook, twitter, youtube, instagram, tik tok y hasta la Organización Mundial de la Salud.

-¿Y eso qué?

-Pues que les metieron un bug y se viralizó su mensaje: Que el coronavirus se cura con Vick Vaporrub. Jajajajaja.

-No manches Jako, ¿cómo está eso?

Mira Nacho: -trending topic México- ¡Cómo vencí al coronavirus con Vick Vaporrub! Jajajajajaja

 Los que “arreglan celulares”, le dicen en voz baja y simulado sigilo: la verdad es que alguien se chingó el anuncio de la OMS de que la única vacuna chida es la rusa. Jajajajaja, con un virus cibernético, jajajajajaja.

Mira:

#Fallocontroladores[<#$(&bcfhing%>]//MX//23:09//0291j13bb129//twitter/facebook/Youtube/Instagram/Tiktok/OMS/

Hackeo fallido contra el anuncio de la vacuna de mayor calidad, más segura y más efectiva, creada por la farmacéutica rusa VINKJO, financiada por la OMS para su distribución universal contra SARS - COV2.

 -¿Y eso qué significa Jacko?

-Ay Nacho, que alguien resultó más chingón que los hackers gringos y se los hackeó con su ridícula publicación del Vick Vaporrub.

 Mira, todos los dominios la tienen, todos los servidores, todo este sector de nodos, conectado con esta otra nube, mira la gráfica de algoritmos.

Jacko le explica a Nacho todo esto mientras le muestra una gráfica que parece un amontonadero de átomos como los que dibujaba el profe de química en la secundaria.

Mira Nacho, hasta la Thalis y la Pau, ya postearon el remedio milagriento, pinches viejas chismosas, si llevan encerradas toda la pandemia, cómo crees que el Vick Vaporrub las tuviera que salvar, si no salen ni por las tortillas, se cagan de miedo por el virus.

 Por pura vergüenza Nacho no cuenta su historia, no habla de sus likes, pero se queda intrigado: anoche, hackers, 11:09 PM, ¿Qué significa todo eso?

Al revisar su publicación otra vez, se da cuenta de que su posteo fue exactamente a las 11:09 pm.

 Lo que el pobre Nacho no alcanza a comprender es que en el instante en que la red fue vulnerada por los hackers, él posteo su absurdo relato, y éste se insertó en lugar del malware que hackeaba la noticia de la OMS sobre la vacuna rusa.

 Ahora, su quimera circula y se replica por el mundo, sin que los bots, los hackers y la propia IA la reconozcan como error ajeno a los masters desarrolladores. Sigue su camino libre, fluye en el mar de la ignorancia y el entusiasmo por los remedios milagrosos, circula por las venas mórbidas de la chunga y el engaño. Pasea violenta y tranquila por las avenidas informáticas, duplicada, clonada, revirada y potenciada por los fanáticos de las teclas y las pantallas. Causa mofa, risa, fe, esperanza y se reproduce sin control en el promiscuo universo del like y el compartir.

 Así llega la tarde de ese día y, como de costumbre, en la famosa conferencia de las 7 pm, Liliana Noble, con su vocecilla de ñoña se dirige al Doctor López Gatell para decir: Doctor Gatell, ¿nos podría dar su opinión sobre el estudio científico publicado hoy sobre “Efectividad, seguridad y calidad en el tratamiento de Covid 19 con Vick Vaporrub”?

Ruth Julieta Chávez Martínez

Opuntia cadereytensis

El pan industrial de cada día

 


Todo comenzó en 1992, cuando se reformó el artículo 27 de la constitución para que los ejidatarios tuvieran la posibilidad de vender o rentar sus tierras.

El discurso oficial sostenía que había que “darle certidumbre al campo mexicano mediante el fin del reparto agrario”, además de “capitalizarlo para hacerlo altamente productivo”.

Poco tiempo después, en 1994 y como consecuencia del inicio del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, la migración de campesinos y trabajadores mexicanos hacia Estados Unidos se disparó a niveles históricos. Por si fuera poco, también a partir de ese tiempo el maíz que antes producíamos se comenzó a importar desde Estados Unidos.


Estas disposiciones, entre muchas otras de carácter económico y político ocurridas en los últimos 30 años, constituyen la transformación neoliberal de México, la cual se diseñó para incidir sobre todos los sectores productivos del país, incluido el sistema agroalimentario.

En México la producción de alimentos pasó de ser rural-campesina o de particulares mexicanos, a estar en manos de gigantescas empresas multinacionales, mismas que ahora controlan el sistema completo: desde la siembra de las semillas, hasta la entrada a la boca de los consumidores.

Todo ello mediante un esquema que tiene las siguientes características: a) siembra masiva de semillas “de marca”, dependientes de fertilizantes y plaguicidas de las mismas “marcas”; b) uso de maquinaria y equipos para siembra, riego y cosecha, c) transformación química de los productos cosechados para generar alimentos ultra procesados por la industria química; d) distribución de productos terminados, en colosales cadenas de supermercados o en abundantes tiendas de conveniencia; e) costosísimas y llamativas campañas publicitarias; f) aniquilamiento de los pequeños productores y g) transformación de las preferencias alimenticias de los consumidores, lo que impacta directamente sobre nuestra cultura culinaria y sobre la salud de las personas.


En el sistema agroindustrial de producción lo que realmente importa son las ganancias económicas, no el hambre, no la salud y menos el medio ambiente.

Bajo estas circunstancias, en las últimas tres décadas perdimos en México nuestra “dieta de milpa” y la sustituimos por la “dieta del supermercado”, a la que podríamos llamar: “Nuestro pan industrial de cada día”, llena de productos empaquetados y congelados, saturada de grasas, sal, conservadores, colorantes, saborizantes, adicionada con vitaminas y hierro, fácil de encontrar en cualquier tienda grande o pequeña y además, “rápida de preparar”.

Es muy importante señalar que por dieta no debemos entender “régimen para bajar de peso”. Dieta es nuestra alimentación diaria, la que nos nutre, la que nos deleita y la que nos da energía. La dieta de milpa consiste en alimentarnos, nutrirnos y disfrutar todos los productos que se cultivan y que habitan en ese maravilloso espacio de tierra que lleva ese nombre y que consiste en una parcela habitada por una rica variedad de plantas, insectos y pequeños animales en torno a la planta madre: el Maíz.


Es indispensable recuperar nuestra cultura alimentaria, la que hemos perdido por el consumo de productos originados en el sistema agroindustrial, en enormes, insalubres y crueles granjas de pollos, cerdos y vacas, en extensos cultivos de un solo tipo: maíz, soya y cebada para cerveza o dentro de costosos y llamativos invernaderos que secan los pozos cercanos.

Tenemos que evitar los alimentos transformados, empaquetados, anunciados y distribuidos por empresas millonarias, porque estos nuevos hábitos, o como diría mi abuela: “mañas” de alimentación, nos han colocado en medio de los más graves problemas de salud de la historia, mismos que cobran millones de víctimas cada año: sobrepeso, obesidad, diabetes, hipertensión, dislipidemia (colesterol y triglicéridos elevados), anemia, desnutrición y cáncer de todo tipo.

Lamentablemente estoy hablando de nuestro entorno más cercano, ya que diariamente, en mi desempeño profesional, no hay día en el que no tenga que atender a una o más personas cuya diabetes e hipertensión no están controladas, que están sufriendo por dolor constante debido a sus prolongados periodos de descontrol y peor aún, personas que están perdiendo su vista, sus riñones y su corazón lenta y silenciosamente.

Las epidemias que no vemos III La pobreza

 

Las epidemias que no vemos III La pobreza

La pobreza es una epidemia que afecta a millones de personas en el mundo. Con esta frase comienza el texto de OXFAM internacional (Confederación de organizaciones no gubernamentales de 90 países), publicado en internet bajo el título “Las causas de la pobreza en el mundo”.

Seguramente ustedes han escuchado decir que los pobres son pobres por ser perezosos, haraganes, poco inteligentes, por no haber terminado la escuela, por no trabajar día y noche todos los días del año, por mala suerte. Y también nos han contado que en lo individual existen diferentes “modos” que sirven para “salir” del fondo de la miseria, por ejemplo: hacer negocios con amigos en el gobierno, vender facturas falsas, ser prestanombres o asociarse con alguien que va a hacer “negocios”.

Todo este conjunto de engaños y mitos solo han servido para hacernos creer que la pobreza es un mal individual, que quien la padece seguramente se la merece y que no tendría por qué existir una acción colectiva (que nos involucre a todos) y mucho menos una acción de Estado dedicada a erradicarla.

Pues resulta que el texto de OXFAM y muchos otros estudios que también se pueden consultar en internet al hacer una búsqueda sobre “causas de la pobreza”, no nos hablan de ninguno de esos mitos como causas o factores de la pobreza, por el contrario, coinciden en señalar que la corrupción (al contrario de lo que se cree por acá), es uno de los factores que más contribuyen a acentuarla. Si esto es así, entonces, ¿Qué dicen los estudios sociales sobre las causas y los factores de la pobreza?

En primer lugar se distingue entre causas y factores. Las causas son el origen del problema, mientras que los factores son las circunstancias que la hacen permanecer.

Una de las principales causas que se señalan es el colonialismo: Históricamente sabemos que las naciones más ricas del mundo colonizaron naciones en las que causaron guerras, despojo y esclavitud, para robar todos los recursos posibles (oro, plata, maderas preciosas, flora y fauna). Y bien sabemos que en México y en el mundo los pueblos originarios son quienes viven la mayor pobreza.

Actualmente existe otro modelo económico colonialista que causa el mismo efecto: el capitalismo neoliberal, cuyo objetivo es la acumulación sin límites de capital económico mediante prácticas muy desfavorables para los pobres; por ejemplo, la privatización de las empresas del gobierno, que en realidad le pertenecen al pueblo, como la minería, las empresas energéticas, las de telecomunicaciones, la educación y la salud.

La forma en que nos afectan estas privatizaciones es la siguiente: a) se entregaron miles de hectáreas a empresas mineras extranjeras, que usan muchísima agua y se llevan el oro y la plata a sus países de origen. b) Las empresas privadas de telecomunicaciones nos cobran por servicio de televisión y pagamos las tarifas de telefonía celular más caras del mundo, c) desmantelaron a PEMEX y la CFE para convertirlas en empresas ineficientes y así poder entregarlas en concesiones a empresas extranjeras. d) el sector salud lleva casi 40 años sin inversión, sin médicos, sin equipo. Pero a la par, proliferaron los consultorios adyacentes a farmacias en los que hay que pagar por la consulta, por la medicina y por los estudios clínicos. e) Las escuelas de gobierno también fueron abandonadas. Para muchos padres de familia la solución es poner a sus hijos en escuelas privadas. En lugares donde no hay escuelas privadas, había el plan de permitir que algunas empresas se hicieran cargo de la construcción de los salones y los baños, de la limpieza y hasta de la tiendita escolar, y que los papás les pagaran a las empresas por mantener las escuelas. f) las nuevas empresas que llegan para ofrecernos empleos se rigen por nuevas reglas laborales, con la libertad de contratar solo por honorarios, sin derecho a vacaciones o aguinaldo, con contratos mensuales para no generar antigüedad, pagan salarios base muy bajos y los tienen por “asociados” y no como empleados.

Ante este panorama ¿cómo puede una persona pobre tener un empleo que le permita pagar todo? escuela, salud, televisión de cable, teléfono celular, gasolina; y además, alimentarse sanamente, ejercitarse todos los días, comprar libros para leer, ir de vacaciones, vivir sanamente, ser feliz y sobrevivir a una pandemia causada por un nuevo virus en el mundo, si los factores que hacen permanecer la pobreza están siempre presentes: modelo económico neoliberal, corrupción, desigualdad, discriminación, enfermedades, educación de mala calidad y apatía ante los problemas sociales.

Con todos estos problemas sociales se forma un círculo de epidemias que no vemos, entre las que se encuentran las de obesidad y diabetes, y la de discriminación y racismo, de las cuales hemos sido las víctimas y no los culpables.

Sin embargo, es muy importante saber que para estas enfermedades sí existen vacunas y que es muy sencillo acceder a ellas, y son: la dieta de milpa (disponible en el mercado y no en el supermercado), la organización social, la solidaridad, el interés por los problemas de nuestra sociedad, la búsqueda de la mejor información (sin noticias falsas), la tolerancia y el entendimiento de quienes son diferentes a nosotros, el respeto de los derechos de las personas, el respeto por la naturaleza, la austeridad, la humildad, el saber escuchar a los otros y la erradicación de todas las formas de violencia.

Las epidemias que no vemos II: sobrepeso obesidad y diabetes

 

Las epidemias que no vemos II: sobrepeso obesidad y diabetes

El 70 %de la población en México padece sobrepeso, el 30 % obesidad y el 9% de los adultos han sido diagnosticados como diabéticos, muchas más personas están enfermas de diabetes pero no lo saben o no lo asumen y no se encuentran en tratamiento. La gran epidemia de sobrepeso, obesidad y diabetes que padece nuestra población se ha convertido en la gran comorbilidad de nuestros días, porque aumenta el riesgo de muerte en personas enfermas de Covid-19.

Comorbilidad es un término médico que hasta hace algunos meses no conocíamos, sin embargo, ahora lo tenemos muy presente y ha sido motivo de explicaciones, discusiones y debates, no sólo entre los médicos, sino hasta entre los políticos, los comentaristas de noticias y entre las personas comunes.

Y ¿Quién es responsable de este enorme problema de salud pública?

En las redes sociales circula una infinita cantidad de memes cuyo mensaje señala directamente al individuo como responsable de dichos padecimientos, se trata de mensajes velada o abiertamente violentos, discriminatorios, denigrantes, y autodenigrantes si tú mismo los compartes, con la equivocada idea de justificar tu condición personal.

La realidad es que no existen memes que señalen a los otros responsables del problema, a los que están en el origen de la enfermedad. No hay memes que señalen a la industria agroalimentaria por su responsabilidad al producir alimentos chatarra como si fueran de calidad; nadie menciona a los ex secretarios de salud y de educación por sus omisiones e inacciones en materia de prevención y protección a la población; tampoco se ha aludido a los diputados y a los senadores que permitieron la penetración hasta la médula de los alimentos chatarra en nuestras escuelas y hogares; no hay reclamos hacia los medios de comunicación que lucraron con personajes reales o ficticios que nos enseñan a comer “cereal rico en fibra” o “yogur con lactobacilos”. Nadie ha responsabilizado a los ex secretarios de hacienda quienes permitieron que estas empresas estuvieran exentas del pago de impuestos por muchos años y a quienes además se les dieron créditos o estímulos fiscales que nunca retribuyeron.

Como parte de la discusión actual se ha mencionado que el fácil acceso a los alimentos chatarra es parte del problema, pues los tenemos a un paso de nuestra mesa, en la tiendita de la esquina, en la cooperativa escolar, en las proliferantes tiendas de conveniencia, en el supermercado, al que ahora acudimos porque ha llegado el progreso a nuestra comunidad.

Pero la accesibilidad no radica sólo en la distancia geográfica que nos separa de la tienda, la accesibilidad está dada por la cercanía que tenemos con nuestras pantallas digitales, ya que somos objeto de un bombardeo constante de publicidad engañosa que nunca nos dice que: “este producto contiene un muy elevado contenido de azucares, grasas, sal y aditivos químicos que harán de tu bebida, platillo o golosina algo extremadamente delicioso, perfectamente hermoso y peligrosamente adictivo”.

Los aditivos pueden servir para “aumentar el valor nutricional” de un producto, lo que parece un plus; sin embargo son sólo una suplementación, ya que muchos de los valores nutricionales reales de ese alimento se pierden en el proceso de industrialización y hay que re adicionarlos para que no queden “desnutridos”. En realidad y fundamentalmente, se añaden como conservadores (para que resistan mucho tiempo antes de ser consumidos, algunas masas para pan pueden durar meses congeladas antes de ser horneadas), como saborizantes (para hacerlos irresistibles), como estabilizadores (para que tu cátsup no se separe en agua y puré de jitomate), como antioxidantes (para que las papitas no se hagan rancias o negras), como aromatizantes (para que su delicioso aroma artificial nunca se pierda), y además como colorantes, blanqueadores, reguladores de pH, espesantes, anticongelantes, crematizantes, etcétera, etcétera.

No obstante, más allá de todo lo delicioso, apetecible y deseable que pueden presentarse los frutos de la industria alimentaria, y por encima de todo, está: SU VALOR EN EL MERCADO.

Este es el verdadero fondo del problema, el verdadero responsable de la comorbilidad, el auténtico causante de la peor epidemia que padece nuestro país.

De acuerdo con datos que se pueden consultar en internet, las 10 empresas productoras de alimentos industrializados más grandes del mundo generan ventas por 1,100 millones de dólares diarios, cantidad de dinero que alcanza para comprar de todo: voluntades políticas, legislaciones a modo, publicidad a granel, personajes para anuncios y programas de televisión, todo lo que sea necesario comprar. Sin contar con que en nuestro país y en muchos otros países pobres, la tierra y el agua para sembrar sus materias primas se les dio prácticamente regalada, para sembrar sus cultivos transgénicos, para instalar sus grandes invernaderos y la libertad para usar todos los agroquímicos que necesiten.

Así que me queda sólo esta pregunta: ¿es cada uno de nosotros el único responsable? o en realidad somos víctimas de un mal que no alcanzamos a ver porque nos lo han ocultado aquellos quienes deberían trabajar para educarnos y protegernos.

Las epidemias que no vemos: I) Racismo y discriminación

 La pandemia de Covid19 nos ha puesto a pensar y a reflexionar, también a muchos de nosotros nos ha hecho cambiar en algo el ritmo de vida que teníamos hasta el 2019.

Como parte de un ejercicio personal de reflexión y de de análisis, desde la perspectiva del trabajo de La Botica del Semidesierto, cuyo objetivo es incidir en la salud desde la práctica de la medicina tradicional mexicana, han surgido tres textos relacionados con las condiciones de salud en México, aunque dos de ellos son en realidad enfermedades sociales, que aunque no lo alcanzamos a ver y medir, tienen una profunda incidencia sobre la salud física de todos nosotros.

Dedicada a todos mis amig@s que han sido discriminad@s y cuyas historias hemos platicado en muchas ocasiones, cuando nos hemos sentido humillad@s, excluid@s o burlad@s porque somos moren@s, pobres o ideológicamente distintos.  


I Racismo y discriminación

Epidemia es una palabra que no usábamos con frecuencia en nuestra vida diaria hasta hace seis meses, era una palabra de libro de texto o de película de ciencia ficción. Sin embargo, sin darnos cuenta y sin querer verlo, hemos vivido rodeados de epidemias, algunas relacionadas con la salud, otras no. Para explicarlo veamos el significado del término según la Real Academia de la Lengua Española: “epidemia proviene del griego y se refiere a una enfermedad que se propaga entre el pueblo o en un país, pero también se trata de un mal o daño que se propaga de forma intensa”. Las enfermedades son males y causan daños, las enfermedades pueden ser físicas, emocionales o sociales. Claramente debemos saber que vivimos inmersos en una epidemia de sobrepeso, obesidad y diabetes (enfermedades físicas); más o menos nos damos cuenta que vivimos rodeados de una epidemia de pobreza (enfermedad social que afecta a millones de personas en todo el mundo), pero tal vez somos ciegos ante otro mal que causa intenso daño emocional y social, que se propaga con intensidad, que es altamente contagioso y que también puede ser mortal, se trata del racismo y la discriminación, que generan exclusión, odio y violencia.

En los últimos meses nos hemos enterado de cómo la enfermedad Covid19 se ha convertido en un motivo para discriminar, para ejercer exclusión, odio y violencia, los casos los vieron ustedes en las redes sociales, incluso aquí, en nuestra localidad. Dicha conducta podría tener detrás un prejuicio religioso remoto, ya que en las religiones judeo-cristianas la enfermedad es un mal, consecuencia del pecado, un castigo divino al que hay que tener mucho miedo, tal fue el caso emblemático de la lepra.

En estos tiempos esa visión de la enfermedad como castigo debería estar erradicada de nuestra mente, más aún si entre nuestro bagaje cultural ancestral existían otros conceptos cosmogónicos sobre la salud y la enfermedad, vistos como equilibrio entre el individuo y el cosmos.

No obstante, hemos sido testigos de agresiones a personal médico que porta su uniforme, a ciudadanos que no usan el cubrebocas y sabemos que quien ha estado enfermo de Covid19 tiene miedo de que ello se sepa. La razón es muy sencilla de explicar, aunque muy difícil de aprehender: “sabemos que somos practicantes continuos e incansables de un auténtico arcoíris de prejuicios y discriminaciones en nuestra vida cotidiana” (palabras textuales del escritor e historiador Federico Navarrete en su libro Alfabeto del racismo mexicano).

Vivimos tan inmersos en la discriminación que no la podemos ver, estamos tan habituados a despreciar al “otro”, por casi cualquier cosa: por su color de piel, por su estatura, por su forma de vestir, por su lengua, por el barrio en el que vive, porque no es de Cadereyta. Podría hacer todo un catálogo de lo que he escuchado a lo largo de mi vida, hasta por parte de un funcionario público de Gobierno del Estado que fue mi jefe en Cadereyta: “vaya y fíjese qué coche traen para ver si los atiendo yo personalmente” (este es el único ejemplo que daré hoy, pero recuerdo muchos más).

En el fondo de todo este proceder lo que habita es la idea de que unos individuos son superiores a los otros, de que unos están manchados y otros son puros, de que el otro es diferente y me produce miedo, de que a mí me lo han hecho y yo busco con quien repetirlo. Esta conducta es indudablemente tóxica y causa daño, se contagia, se hereda, se educa con ella y se perpetúa, por lo tanto tiene comportamiento epidémico, es una epidemia.

La única manera de acabar con esta epidemia es parar esas conductas de agresión en todas sus facetas: desde las supuestamente más inocentes que se disfrazan de broma o elogio hipócrita, hasta las más abiertas y violentas que pueden llevar a la muerte a las víctimas.

En la base del pensamiento sano debe prevalecer la certeza de que biológicamente no existen las razas, que genéticamente todos somos muy cercanos y casi idénticos y que la diversidad cultural, lingüística, fenotípica y de ideas en el mundo es una gran riqueza que debemos valorar. Lo que en realidad ha marcado diferencias entre todos nosotros es la desigualdad social y económica. Esa es la causa de todos los males: pobreza, destrucción del medio ambiente, negación de derechos, epidemias y más.

Primera entrada en la letra F, del Alfabeto del racismo mexicano. En esta entrada Federico Navarrete nos narra su propia experiencia de ser discriminado.

¿Cuántas historias como estas conocemos cada uno de nosotros?  

Paren el mundo, yo me bajo

Siempre me pregunté ¿cómo sería vivir en un hecho histórico? Ahora ya no quiero pensar en esa pregunta: Ana María Chávez, 10 años, Querétaro.

Paren el mundo, yo me bajo. ¿Cuántas veces pasó por la cabeza de alguno de nosotros este pensamiento? Sobre todo cuando nos sentimos agobiados por el trabajo, los pagos, la rutina, las noticias del país y la decrepitud del mundo. Y ahora que parece que una buena parte del mundo se ha detenido, muchos que habíamos pensado en ello no sabemos cómo bajarnos, mientras que otros están ansiosos de que vuelva a funcionar la destartalada maquinaria del mundo a todo vapor.

Y la pregunta clave para los que queremos otro mundo es ¿cómo podemos “bajarnos"?

Entre más inmersos estamos, directa o indirectamente, en la vida de las grandes ciudades, más involucrados estamos en la maquinaria socioeconómica del mundo, mientras más lejos estamos de esa maquinaria, más cerca estamos de la puerta de salida.

Vivir geográficamente lejos de las grandes ciudades no significa poder salir con mayor facilidad, nuestra dependencia es lo que realmente dificulta nuestra salida, y esa dependencia consiste en: necesidad de productos y servicios, necesidad de empleos, necesidad de vida social urbana, deseo de progreso y sobre todo, en la aspiración de colocarse dentro del “modelo ideal de vida y felicidad” que se promueve en toda campaña publicitaria que aparece en una pantalla digital.

Quienes necesitan menos productos, servicios y modelos aspiracionales provenientes de las grandes ciudades, aunque vivan dentro de ellas, están a un paso de poder bajarse del mundo, y quienes están cada vez más dispuestos a cortar esa dependencia, están a dos o tres pasos, pero también hay quienes ya supieron cómo bajarse.

La idea de “parar al mundo”, no es solamente una ocurrencia personal e individual, es también una idea que muchos filósofos y científicos del mundo han planteado desde hace ya más de medio siglo.

En 1962 Rachel Carson en su libro Primavera Silenciosa nos lanzó la primera advertencia sobre el abuso de sustancias tóxicas en la agricultura (en aquel tiempo era DDT, hoy es glifosato) y vaticinó un mundo sin polinizadores, sin aves, con agua contaminada (o sin agua), con enfermedades (¿les suena conocido?).


En 1976 Stephen Schneider comenzó una campaña de divulgación científica en la que se habló por primera vez a nivel global, del calentamiento de la atmósfera terrestre por incremento de los gases de efecto invernadero.

Por otra parte, en las últimas décadas se ha documentado la mayor tasa de extinción de especies y pérdida de biodiversidad de toda la historia de la civilización, lo que implica no solo la pérdida de especies sino la pérdida de ecosistemas enteros: suelo, agua, vegetación, fauna, microbiota y los procesos evolutivos que sustentan la vida.

Ante esta crisis global, mucho más poderosa que cualquier crisis económica, los científicos y filósofos mexicanos seguidos por sus colegas latinoamericanos y de otros países con alta riqueza biológica y cultural, como México, han propuesto que para evitar la destrucción de la vida en la Tierra se debe cambiar el modelo de desarrollo en el que se mueve el ser humano, que se debe practicar la conservación integral de la diversidad biológica y la diversidad cultural de todos los pueblos rurales y originarios de todo el mundo, con sus lenguas, con sus tradiciones, con sus quehaceres y con sus conocimientos, porque en ellos y en sus prácticas de vida está la clave para asegurar el equilibrio entre el agua, la alimentación, la calidad del aire y la salud de todos los seres vivos de la Tierra, principalmente del hombre, ya sea urbano, rural o indígena.

A este conjunto de verdaderas riquezas del mundo se le conoce como nuestro Patrimonio Biocultural, y para su sustento y su conservación se requiere de una transformación civilizatoria; es decir, reinventar el modelo de civilización humana en que vivimos para que sea independiente de los mercados, que sea ajeno al ficticio concepto de crecimiento económico sin límites, que incluya un modelo científico en el que estén presentes los saberes y los conocimientos milenarios de los pueblos originarios, que sea pluricultural y multipolar (que no sea tipo europeo, ni norteamericano, ni exclusivamente científico universitario), que incluya el pensamiento y la participación real de los pueblos indígenas y la sociedad civil.


Si esta es la puerta de salida, señores, yo me bajo en esta parada.

Me voy junto con los que se mudan a trabajar al campo, con los que no compran lo que no es necesario, los que no van a los supermercados y tiendas departamentales menos si son trasnacionales, como las que durante la contingencia sanitaria han incrementado jugosamente sus ventas y quienes seguramente no pagan o regatean el pago de sus impuestos.

Caminaré con los que no usan el coche, seguiré trabajando en mi huerto de azotea, con mi composta diaria; no he cambiado mi celular en seis años y no quisiera cambiarlo nunca, no veo ni veré televisión, no compro ni compraré ropa u objetos “de marca”, no consumo alimentos industrializados o importados, tampoco productos de la agricultura industrial, no voto. Uso plantas medicinales, hago ejercicio, participo y participaré en movimientos sociales genuinos, leo los periódicos, no comparto memes y cadenas, mucho menos noticias falsas.


La salida está en las resistencias bioculturales. En México existen casos emblemáticos de colectivos que ya están en la puerta de salida, ellos están en Oaxaca, en Michoacán, en la zona Maya, en la Sierra Norte de Puebla, en Tlaxcala o en la zona Zapatista de Chapas: pero también están en las grandes ciudades, produciendo hortalizas en sus huertos urbanos o miel en los predios que rodean a los fraccionamientos invasores.


Entre todos estos proyecto se producen hortalizas, café, miel y frutas. Con su trabajo contribuyen a la protección de los bosques, el agua y el aire, paro además se organizan para luchar contra los proyectos mineros, resisten al crimen organizado y se oponen al despojo de sus territorios por las parte de las empresas inmobiliarias, eólica e industriales entre muchos otros megaproyectos más.

Para saber más, consulta:

México, regiones que caminan hacia la sustentabilidad. Toledo y Ortiz 2014, http://www.cidesca.org.mx/archivos/E2-2.pdf

¿Quién nos alimentará? Grupo Etc. 2018, https://www.youtube.com/watch?v=7a_3YSiTc88


Nuevo etiquetado frontal de alimentos en México

¡Peligro! ¡Peligro! ¡Exceso de grasas, exceso de sodio, exceso de azúcar!


Siempre que la sociedad enfrenta un peligro ambiental, una catástrofe, un riesgo sanitario o una epidemia, es obligación del Estado advertirnos, informarnos, y protegernos con la mayor efectividad posible.

Si esta es su obligación, ¿Por qué han dejado pasar tantos años sin advertir sobre las causas de la epidemia de sobrepeso y obesidad que enfrentamos?

Esta situación ahora podría tener un cambio significativo, ya que a partir de 2021 se usará una nueva forma de etiquetar productos alimenticios industrializados y bebidas no alcohólicas; los cuales, además de la ya conocida tabla de valores nutricionales (que muy pocos entienden), tendrán en la parte frontal del paquete una serie de sellos octagonales negros con las advertencias: Exceso de sodio, exceso de grasas saturadas, exceso de grasas trans o exceso de azúcar, según sea el caso. Además de que estará prohibido incluir en los paquetes a personajes famosos, caricaturas o sellos de aval de instituciones médicas como cardiología, pediatría, diabetes, etc.


La aprobación de esta nueva regla se dio después de un largo jaloneo entre la sociedad civil organizada, académicos, autoridades sanitarias y la industria de los alimentos; estos últimos, oponiéndose duramente a añadir las advertencias en sus etiquetas. Sus argumentos son principalmente de índole económica, pues además de presentir que bajarán sus ventas, proclaman que se violan sus derechos de propiedad industrial por tener que eliminar personajes, caricaturas, regalos y sellos de aval de sus envolturas o propagandas; mismos que funcionan como ganchos para atraer a los niños y a los fans de cada personaje, y cuya imagen representa millonarios contratos publicitarios.


No obstante, esta vez la ley intenta priorizar la salud por encima de los derechos comerciales.

En países como Chile y Perú donde ya se aplica esta forma de etiquetado, no se le pidió su opinión a la industria alimentaria, sólo se tomó la decisión de advertir a la población y se obligó a los industriales a acatar la ley; lamentablemente, en México se permite que existan conflictos de interés en muchos procedimientos y contratos del Estado.

Aunque se ha dado un paso adelante con esta advertencia, el objetivo de limitar el consumo de sustancias de riesgo aún no se ha logrado del todo, ya que también se pretendía notificar sobre el contenido de edulcorantes (endulzantes artificiales) y éste no fue aceptado como sello octagonal sino como una franja pequeña. El problema del consumo de los edulcorantes, sobre todo en los refrescos de dieta y en las bebidas o golosinas para niños, es que no se conocen sus efectos sobre la salud a largo plazo ya que son aditivos relativamente nuevos en la industria y de los que aún no existe suficiente información sobre sus procesos metabólicos dentro del cuerpo.

Algunos estudios indican que al engañar al paladar sobre la entrada de azúcar al cuerpo, éste se prepara para digerirla, y al no encontrarla, se confunde y no activa su control de saciedad (por el contrario, incrementa el apetito de azúcar porque el cuerpo la sigue esperando) así, se retienen más grasas para compensar el déficit de azúcar y disminuye la efectividad de la digestión de cada alimento. Como estas sustancias son ajenas a la naturaleza de nuestros alimentos y de nuestro cuerpo, también modifican la composición de la flora intestinal y eso altera la digestión, lo que tiene como consecuencia problemas como dispepsia, gastritis y colitis ¡Todo esto sólo a cambio de hacer un poco más sabroso tu refresco y disminuir el riesgo de padecer caries!

El nuevo etiquetado frontal puede ser un paso adelante en la lucha contra la pandemia de obesidad y sobrepeso, sin embargo, la razón por la que llegamos involuntariamente a aumentar nuestros kilos tiene otras causas mucho más profundas, una de ellas es la intensa industrialización de toda nuestra vida. Hemos abandonado el campo y la dieta de milpa, se ha intensificado la agricultura industrial con sus enormes invernaderos, sus agroquímicos y sus transgénicos. Desdeñamos las formas tradicionales de vivir de comer y de curarnos: en el campo, sin coche, sin prisas, sin supermercados y tiendas de conveniencia, con remedios de la abuela y con comida hecha en casa.


En este proceso tienen una gran responsabilidad, al menos los cinco o seis últimos gobiernos federales que permitieron el empobrecimiento y luego desmantelamiento del campo para su transformación hacia lo industrial y urbano; pero también los medios de comunicación son grandes responsables, principalmente las televisoras, pues penetran profundo en nuestro pensamiento con publicidad engañosa y falaz, ya que casi toda la publicidad de alimentos está diseñada para la televisión.

Sin embargo, la mayor responsabilidad es de la industria mundial por su afán de crecimiento desmedido; y de conformidad con esta filosofía, ya han asegurado que van por los amparos contra la nueva norma de etiquetado, y como hay mucho dinero de por medio, podríamos fácilmente asegurar que los conseguirán.


El desenlace de esta historia está en manos del gobierno mediante la regulación de las normatividad de salud, pero también está en nuestras manos, cuando compras, cuando cocinas, cuando comes, cuando educas; así, debemos aprender a deleitar nuestro sentido del gusto desde la niñez, evitar enmascarar los sabores reales de los alimentos con sustancias químicas y pensar en no engañar a nuestro cerebro o a nuestro paladar, sino en equilibrar nuestra alimentación y sazonarla sólo lo sutilmente necesario.




Los Muros de Agua


Una prisión rodeada de mar con tiburones, 112 kilómetros de distancia hasta la costa más cercana, trabajo forzado, violación de derechos humanos, tortura, y aislamiento, estas son algunas de las imágenes que vienen a nuestra mente cuando pensamos en las Islas Marías; no obstante, también se trata de una colonia en la que algunos prisioneros y empleados viven con sus familias, en donde hay escuelas, hospital, biblioteca, iglesia, tianguis y panteón, como en muchos pueblitos de México, pero además rodeado de una gran riqueza biológica marina y terrestre y enmarcado por un hermoso paisaje.


Durante la época colonial Hernán Cortés se adjudicó el descubrimiento y la posesión de las islas, pero nunca ordenó su explotación o poblamiento, posteriormente pasaron a ser propiedad privada y a lo largo del tiempo pasaron por varios dueños, sirviendo como refugio de piratas y sólo durante algún breve periodo de tiempo para la extracción de madera de cedro.

En el año de 1905 Porfirio Díaz las convirtió en propiedad federal y decretó que la isla María Madre (la más grande de las cuatro que conforman el archipiélago) se convertiría en Colonia Penal Federal, destinada a recluir “delincuentes peligrosos”; sin embargo, después sirvió también para enviar a personajes que se manifestaban en contra del gobierno: revolucionarios, cristeros y comunistas (muchos de ellos presos políticos).

A partir de 1939 Lázaro Cárdenas autorizó la presencia de las familias de algunos reos en la Isla y entonces se restringió el ingreso de psicópatas y delincuentes sexuales.

Para el año 2000 el territorio tanto terrestre como marino de las Islas Marías se declaró Reserva de la Biosfera, ya que para fines de conservación biológica todas las islas son territorios de muy alta importancia científica, porque en ellos el aislamiento puede generar cambios evolutivos más rápidamente que en los ambientes abiertos y extensos. Las islas también son grades laboratorios en los que los científicos pueden estudiar diferentes procesos bilógicos y ciclos como los del agua y el carbono, que sirven para comprender la dinámica de la vida en la tierra y su problemática, como el cambio climático global y la extinción de especies. En las Islas Marías existen al menos 17 especies de flora y fauna endémicas (es decir, que sólo se encuentran en ese sitio) como el loro cabeza amarilla de las Islas Marías, el mapache de las Islas Marías y el conejo de Tres Marías, además de una gran riqueza de especies y ecosistemas frágiles que están en riesgo de desaparecer en otros territorios, como la tortuga carey y la tortuga golfina, los manglares y los arrecifes de coral, todo ello rodeado de acantilados, playas arenosas, puntas rocosas, islotes y fondos arenosos.


Hoy las islas Marías han dejado de ser una prisión y existe la iniciativa de ocupar las instalaciones de la Isla María Madre para la creación de un centro científico, cultural y ambiental en el que los niños puedan ir a aprender sobre la riqueza biológica de México, para que muchos de ellos puedan ir a conocer el mar y para que los biólogos sigan adelante con sus trabajos de conservación y reproducción de especies valiosas, pero sobre todo, esperamos que sirva para evitar que algún día este territorio se convierta en lo mismo que todas las playas de México: propiedad privada en espera de ser invadida por hoteles de lujo, yates, cruceros, casinos y basura.

Mientras tanto, la violación de los derechos humanos, la tortura, el aislamiento y los reos se irán a otras prisiones, pero en los recuerdos y el imaginario de las generaciones de hoy y hacia el pasado, quedará la huella del sufrimiento por el que vimos padecer a Pedro Infante en la película “Las Islas Marías”. Tal vez recordaremos que allí también estuvieron personajes importantes como José Revueltas, condenado por ser incómodo para el gobierno, militante del partido comunista y a quien le debemos el poético nombre que llevará el nuevo centro científico-cultural “Los Muros de Agua”, que es el título de la novela en la que nos narra la condena de cinco comunistas (cuatro hombres y una mujer) en esta prisión. Y cómo olvidar que la Madre Conchita, Concepción Acevedo de la Llata (monja queretana) acusada de ser la autora intelectual del asesinato de Álvaro Obregón quien también purgó una condena de más de 10 años en esa prisión.


Abejas y polinizadores


¿Cuántas veces ha escuchado usted que sin abejas no hay agricultura, no hay alimentos, no hay vida? Circulan en las redes sociales algunos memes que nos advierten sobre los peligros que enfrentan las abejas, y a los que nos enfrentamos nosotros mismos si no paramos el uso de insecticidas y otros productos que las matan o que contaminan su alimento.
Esta propaganda tiene mucho de verdad en sus mensajes, pero también tiene imprecisiones que debemos entender para poder contribuir a evitar el colapso de los polinizadores, por ejemplo: que siempre nos muestran la imagen de una abeja europea, la abeja que produce miel mediante la práctica de la apicultura; sin embargo, el peso de la polinización a nivel global o a nivel local en cualquier ecosistema natural o urbano no recae solamente en las abejas de la miel, ya que existen miles de especies de insectos que dependen de las flores para su alimentación (avispas, mariposas, escarabajos, hormigas y polillas nocturnas), además de algunas especies de aves (como los colibríes) y también muchas especies de murciélagos. Es por ello que debemos hablar de polinizadores y no sólo de abejas.
Otro detalle impreciso, es que la campaña de los memes nos invita a sembrar plantas como lavanda, caléndula, solidago, zinnia y otras que no conocemos porque no son nativas de nuestro país y que aquí no se comercializan o son escasas. En contraparte, la campaña original para la protección de la polinización recomienda sembrar “una amplia variedad de plantas autóctonas”, es decir plantas de cada lugar.
La defensa de los polinizadores y las abejas tiene su origen en los primeros años de este siglo, a partir de una alerta emitida por apicultores y agricultores europeos que tuvieron notables decrementos en sus tasas de producción por falta de visitantes florales. A partir de este hecho, la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) y la Comisión Europea (órgano ejecutivo del Parlamento Europeo) emprendieron la tarea de divulgar información sobre la enorme importancia de la relación entre las flores y su fauna asociada; no obstante, señalan que en cada país la campaña debe adaptarse a las cualidades de su entomofauna (fauna compuesta por insectos), de su flora silvestre, de su agricultura y de sus polinizadores no insectos.


En México ya existe una iniciativa en este sentido, se trata del proyecto “Jardines para Polinizadores” promovido por la red de escuelas REEDUCA y CONABIO, que busca crear refugios con flores diversas y flora nativa, tanto para insectos como para aves y murciélagos; sin embargo, este proyecto por ahora sólo funciona en algunas escuelas de la Ciudad de México, otras en el Estado de México y una escuela privada de la ciudad de Querétaro.
Ante la crisis de sobrevivencia que enfrentan los polinizadores, es evidente que se requieren los jardines dedicados a ellos, no sólo en las escuelas, sino en cualquier espacio disponible para la siembra de flores (que no sea un invernadero); pero ante todo, es de la mayor prioridad detener la destrucción de los hábitats naturales, puesto que allí es donde se dan con auténtica intensidad las relaciones entre las flores y sus polinizadores. Es importante también evitar el uso de insecticidas y sustancias contaminantes, ya sean químicas, como el cloro y los aromatizantes, o biológicas, como los cultivos transgénicos.
Mientras tanto, en nuestras manos está la posibilidad de llenar nuestros jardines con flores, no sólo las de vivero, sino también las flores silvestres, las cuales han sido omitidas o discriminadas en los memes que circulan en la red.




Entre esas bellezas nativas que debemos considerar para halagar a nuestros polinizadores locales están las siguientes: maravilla o Diego de noche, mirasoles, shotos, cinco llagas, mezquite, huizache, garambullo, jarilla, palma yuca, aceitilla, hierbamora, toloache, cazahuate (o palo bobo), quiebraplatos (o hiedra), mayitos, estrellitas, dalias, magueyes, calabaza, cinco negritos (o payasito) y muchas más.
Y cada vez que se acerque a nosotros un insecto o que veamos cerca un murciélago, o nos topemos con un gusano azotador o una oruga de colores (cada uno de ellos es una mariposa), en lugar de lanzar un golpe mortal o pensar en un insecticida, lo que debemos pensar es que de ellos depende la producción de granos, frutas y miel, la riqueza biológica de nuestro país y la belleza de las flores.
Payasito o Cinco negritos (Lantana camara, Verbenacea) con mariposas
En consecuencia, la campaña publicitaria de las redes sociales se queda muy corta y debemos comenzar a difundir nuestra propia campaña de memes especiales para México.

Cinco llagas, (Tagetes lunulata, Asteraceae)



Girasol (Helianthus annus, Asteraceae) 

Dahlia sp. Variedad mejorada

Ojo de pollo (Sanvitalia procumbens, Asteraceae)

Damiana (Turnera diffusa, Turneraceae)

Vara de San Pedro, Tecomaxochitl (Tecoma stans, Bignoniaceae)

Toritos (Proboscidea louisiana, Martyniaceae)



Dalea sp.

Mal de ojo (Zinnia peruviana, Asteraceae)

Cardo (Solanum rostratum, Solanaceae)